"El naufragio es metáfora de lo pasajero de la experiencia y la perdurabilidad del recuerdo de los otros". Alberto Torrentera.
Como una forma de explorar la incertidumbre y la ausencia a través de la memoria, ofrecí un cuaderno en blanco a pescadores de la comunidad de Moroncarit, que han naufragado, lo mismo que a familiares que perdieron a alguien en el Mar de Cortés y no regresa. Su escritura, su caligrafía, son un lienzo de emociones contenidas que revelan las causas del infortunio. Una bitácora intervenida de peripecias diversas.
En el sur de Sonora hay comunidades pesqueras, que durante el mandato presidencial de Álvaro Obregón (1920-24), tuvieron auge económico debido a la injerencia del mismo; hoy después de un siglo, están en el olvido por las autoridades estatales. En Moroncarit, comunidad yoreme/mayo, encontré familias que han perdido al progenitor, debido a las condiciones deplorables de las lanchas y los peligros a los que se enfrentan los pescadores cuando salen de las comunidades al mar abierto; enmarcando una agonía de recuerdos que sólo el Mar de Cortés es cómplice.
"Hace más de treinta años comienzan los primeros casos de naufragios y de pérdidas humanas" -me dice un pescador que se hace llamar Chalo-, "cuando los pescadores del lugar decidieron salir a altamar por la pesca de tiburón". Un elemento significativo sobre las causas de naufragios, es el alto consumo de estupefacientes. En la charla que sostuve con Chalo, me comentó que un gran número de lancheros no sale a mar abierto sino llevan consigo su dosis de cristal, mariguana, piedra y alcohol.
Naufragios del Mar de Cortés.
por Alberto Torrentera.
En Naufragios del Mar de Cortés, a través de la foto y la videografía, el arte de Jerónimo Palomares es capaz de sumergirnos en un mundo de significados, historias, experiencias, memorias y vínculos de hombres y mujeres de dos poblaciones pesqueras, Moroncarit y Yavaros, en Sonora, al norte de México, vertebrados por las experiencias con el mar y los naufragios.
El lenguaje visual es en apariencia sobrio: hombres de pie con redes de pescar, otros con el rostro semi cubierto por sus propias manos, algunos abatidos en su habitación o al exterior de su casa y algunos portan restos óseos de tiburones que parecen figurar el vínculo con la naturaleza, su fuerza real y simbolizada, tanto de ella como de los propios pescadores. Aparecen mujeres con retratos de ausentes. Una pareja octogenaria que navega al interior de su casa. El mar severo, erguidas garzas, embarcaciones desgastadas, casas penetradas por el salitre, la arena de la playa que anticipa el ingreso al desierto, son algunos de los paisajes que complementan la estética del autor. La austeridad es solo aparente. La obra de Jerónimo Palomares consigue penetrar en los mundos interiores de los pobladores. En primer lugar, con su presencia ante el espectador, su mirada y rodeados de sus enseres de trabajo, sus pertenencias personales, sus paisajes cotidianos. A través de ello, ese mundo contiene fortaleza y congoja, los ecos de la ausencia / presencia de los mayores muertos, la soledad y el arrojo. Y lo consigue con las bitácoras intervenidas en donde los testimonios autógrafos de los pescadores acompañan las fotografías en cianotipia que en azul dialogan entre autor y pobladores, cuyos testimonios se desdoblan en contenidos audiovisuales. Los naufragios son físicos: hablan de la fuerza del mar, del viento y los huracanes. Pero también de la potencia de la vida humana que sobrevive a ellos, pero asimismo de su fragilidad en quienes no vuelven. El naufragio es metáfora de lo pasajero de la experiencia y la perdurabilidad del recuerdo de los otros. Asimismo, los naufragios son internos: del dolor, la ansiedad, la esperanza vaciada, el padre muerto, el encuentro con la repetición de un ciclo cuyo fin será solamente la caducidad de la vida. Con algo de nostalgia, no exenta de energía vital, los naufragios son el símbolo del azar, la voluntad humana y el cosmos indiferente al hombre.
La obra de Jerónimo Palomares consigue que el espectador, abierto a la obra y por ella convertido en contemplador, viva esa experiencia ajena y se interrogue por la propia: sus naufragios, las ausencias y presencias que lo signan, los utensilios de su quehacer cotidiano, su relación con la naturaleza, el tiempo, la memoria y la finitud.
Libreta con manuscritos de pescadores náufragos y fotografías impresas en cianotipia (algunas fotos viradas).