Caudillo: retrato de un personaje ausente

 

El retrato de un personaje histórico, particularmente de un caudillo, no sólo permite reconocer sus rasgos físicos o su indumentaria; también constituye una representación social de alguien que ya no está. Más allá de la imagen construida por la historia oficial, aproximarse a su figura implica explorar otros registros vinculados con su identidad: sus escritos y declaraciones, la vestimenta y los objetos que utilizó, el mobiliario, los espacios que habitó y, especialmente, los testimonios de sus allegados y descendientes. La recopilación de fotografías, documentos, objetos, relatos y espacios permite construir, desde el presente, una representación fragmentaria de quien ya no puede ser retratado directamente.

Esta investigación-producción parte de la persistencia, en el sur de Sonora contemporáneo, de formas de poder asociadas al caudillismo posrevolucionario, particularmente aquellas relacionadas con la concentración del poder, sus contradicciones y el distanciamiento respecto del bien común. En este contexto, Caudillo: retrato de un personaje ausente plantea la pregunta: ¿cómo una figura histórica ausente adquiere presencia visual en el territorio y en la memoria contemporánea del sur de Sonora?

La propuesta desarrolla un retrato realizado en el presente, en el que la ausencia del personaje se hace visible mediante relaciones entre personas, fotografías, objetos y espacios. Los retratos contemporáneos incorporan, en segundo plano, marcos con fotografías antiguas cuyos personajes mantienen vínculos afectivos, familiares o sociohistóricos con quienes aparecen en la imagen actual. A ello se suman objetos cargados de memoria y edificaciones de época que, al ser observados desde el presente, adquieren nuevas dimensiones simbólicas. Estos elementos no buscan sustituir la presencia del personaje, sino evocar aquello que permanece de él: relaciones familiares, memorias, formas de representación y estructuras de poder.

A través del ensayo fotográfico, la investigación construye un discurso autoral sobre la complejidad de representar al caudillo de la posrevolución mexicana (1920-1940). La fotografía permite recontextualizar materiales, documentos, objetos y espacios, desplazándolos de su función original para integrarlos en una narrativa visual y editorial. Estas relaciones producen un diálogo entre distintas temporalidades y permiten abordar la paradoja de una figura físicamente ausente cuya memoria continúa operando simbólicamente en el presente.

Así, Retrato de un personaje ausente no pretende reconstruir de manera definitiva la figura del caudillo, sino explorar las huellas materiales, familiares y sociales que persisten alrededor de ella. El retrato se convierte, de este modo, en un dispositivo para aproximarse a las formas en que el pasado continúa inscrito en el territorio y en la vida social del sur de Sonora.

 

 

«…las imágenes no poseen un significado inherente ni definitivo». Aurelio de los Reyes.

El Torreón, punto de vigilancia y defensa de la Hacienda Juárez durante el ataque de las fuerzas villistas a Navojoa, Sonora, en abril de 1915.

Montículo de cruces, cerca del lugar donde fue asesinado el caudillo Francisco Serrano, el 3 de octubre de 1927, en Huitzilac, Morelos. Compañero de armas del general Álvaro Obregón durante las campañas militares en Sonora.

Interior Sociedad de crédito ejidal 1937. San Pedro viejo, Etchojoa, Sonora.

Exterior Sociedad de crédito ejidal 1937. San Pedro viejo, Etchojoa, Sonora.

Retrato del general Álvaro Obregón, conservado en el interior de la Casa Álvaro Obregón, Huatabampo, Sonora.

Camino real. Comisaria Los Rosales, Navojoa, Sonora.

 

Caminé por ese lugar después de algunos años. Ahora es una de las avenidas principales de Navojoa –la avenida Álvaro Obregón-.  Era de noche y el viento tenue texturizaba las ramificaciones de los mezquites y huizaches. Intuía que algo iba a pasar, que la imagen que sentía y percibía no se iba a dilucidar: ¿de dónde viene esta desestructura paternal?, pensé. Mi intuición partió por un sendero de reflexiones, y no en una “nube que asciende entre llamas”.

Seguí mi camino, pero una figura humana inerte me detuvo con su presencia. Le exploré y me pregunté: ¿quién es o quién fue? sabía fue un caudillo de la Revolución mexicana. Alguien de supuestos sentimientos paternales, pero de un nebuloso común acuerdo de bienestar social. Fue una imagen que trastocó mi pasado, entre sombras que trazan las vías del tren. Pensé en una intrincada superposición de imágenes, en caleidoscopios tenues de un mismo retrato; en cruces cimentadas de batallas campales, en cactáceas cinceladas por los rayos de una noche de tormenta, en “imágenes de fuego”, en una serie fotográfica sobre un personaje ausente. 

(Reflexiones de un diario, 2024).

 

Emilio López Robles. Cronista del imaginario colectivo en torno al general Álvaro Obregón y líder yoreme en la lucha por la restitución de la tierra.Huatabampo, Sonora, 2025.

Manuel Yocupicio Valenzuela, descendiente del coronel Mónico Valenzuela. Interior de la Casa Álvaro Obregón, Huatabampo, Sonora.

Casquillo de bala de la Revolución mexicana en primer plano; al fondo, almacén algodonero construido durante la posrevolución. Huatabampo, Sonora, 2025.

Caballo entre las nopaleras: pareidolia. Sierra de Álamos, Sonora.

Comisaría Los Rosales. Memoria de expropiación ejidal decretada por Álvaro Obregón al pueblo yoreme-mayo. Navojoa, Sonora, 2025.

 

Estamos aquí en la Hacienda Los Rosales, a unos 7 kilómetros de Navojoa. Estas ruinas que se ven eran parte de una de las haciendas de la familia Salido, de los grandes terratenientes del Valle del Mayo. Llegaron a tener como 10 mil hectáreas dentro del distrito de riego. Con el tiempo, y sobre todo con la creación de los ejidos, les fueron quitando gran parte de esas tierras. Esta hacienda es testimonio de eso, de lo que quedó después.

Y hay algo que siempre se cuenta: que uno de los que impulsó esa expropiación fue su propio pariente, el general Álvaro Obregón Salido, que fue primo de ellos y con quienes se dice, no mantenía una buena relación. Quedó con resentimiento Obregón porque a su mamá, sus hermanos no le dieron tierras. No se acostumbraba que a las mujeres se las heredaran. ¡Les quitó las 10 mil hectáreas para formar el ejido Navojoa y devolvérselas a los mayos!

O sea, fue una decisión fuerte porque afectó directamente a su familia, pero al mismo tiempo permitió que esas tierras regresaran a quienes originalmente las habitaban. Así, entre esas tensiones, se fue transformando todo este territorio. (Emilio Borbón, Ingeniero Hidráulico. Navojoa, Sonora).

 

Edgardo Moroyoqui. Pastor y encargado de vigilar las tierras de un terrateniente.

 El caballo de un caudillo: pareidolia en la lápida. Panteón de Huatabampo, Sonora.

Casa abandonada que perteneció al general Anselmo Macías, en Ajiabampo, Sonora. Vestigio de la presencia de antiguos jefes militares en la región durante el periodo posrevolucionario.

El general Álvaro Obregón, al centro, en primer plano; al fondo, señalado con una cruz, el general Anselmo Masías. Fotografía de 1915. Archivo de la familia del general Anselmo Masías.

Mausoleo del general Álvaro Obregón (1880–1928), Huatabampo, Sonora. Lugar de memoria dedicado a uno de los principales caudillos de la Revolución mexicana.

Rolando Obregón Caro, 79 años, sobrino nieto del general Álvaro Obregón. Etchojoa, Sonora.

Restos de un tránsito interrumpido. Vías férreas bombardeadas después del asesinato del general Álvaro Obregón. Huatabampo, Sonora.

Mario Almada Ruiz, primogénito del legendario actor mexicano Mario Almada. Un vínculo familiar lejano, por línea materna, lo une al general Francisco Serrano.

Busto del general Anselmo Masías 1901-1965. Huatabampo, Sonora.

 

Caudillo/La paradoja de la ausencia. 

Por Alberto Torrentera.

Caudillo: La paradoja: La presencia del padre ausente es una obra conformada por dieciocho fotografías. A través de ellas y guiados por la sensibilidad del autor, accedemos a la contemplación del vínculo de ausencia y presencia, abandono y significación del espacio, el encuentro con el tiempo pretérito y sin embargo presente: el de las memorias personales y colectivas.

Caudillo es una metáfora, y como tal, reúne elementos en apariencia distantes y genera un sentido inédito al resaltar -en ocasiones aludir-, una presencia no explícita en paisajes, objetos y personas, pero que la mirada del artista nos devela. Caudillo es, además, una metonimia que permite encontrar el eco y la relaboración de la ausencia en múltiples desplazamientos. De esa conjunción, las fotografías de Jerónimo Palomares conforman y nos conducen a un mundo de sentido, una meditación, una experiencia afectiva y un lenguaje estético, por medio de imágenes donde aparecen un hombre mayor abatido -quizá rememorando- u otro varón que porta un arma de fuego. O a través de captar otras fotografías de seres fallecidos -pero no muertos- que marcan muros o libretas. La presente ausencia o la ausencia presente se denota en navajas, espejos fracturados, calzados y en los efectos que el tiempo y la obra humana introducen en paisajes sociales y naturales - básicamente la presencia semidesértica del norte de México-. Caminos de la permanencia y el tránsito, de la ley y su trasgresión, entremezclan desolación, encantamiento y belleza.

Ausencias de un carril tiene un punto de partida temático: el asesinato del general Francisco Serrano, en 1927, por órdenes del general Álvaro Obregón. El autor, en esta serie conformada por siete obras, interviene plásticamente la historia. Iniciando en unas desoladas vías de tren custodiadas por vagones, partimos al encuentro con la máscara mortuoria del general Serrano y la mano encapsulada del general Obregón. Ambas son rearticuladas, coloreadas, distorsionadas y reelaboradas, dividas siempre en cuatro en diversas proporciones. Y parecen un retorno -con variantes- sobre la lealtad, los ideales y el pragmatismo. Sobre el recuerdo y el presente. Aparece la imagen que es la imagen de un rostro, es decir, una máscara fúnebre que representa otra máscara -la persona-. Y ambas a la infinita cadena de las representaciones. Se alterna con la aparición de una mano encapsulada que parece erigirse como símbolo de poder, de pérdida en batalla militar y triunfo en las consecuencias políticas, loa y engrandecimiento de otras máscaras -las proclamas, los principios, las causas- y los enigmas del poder carismático del caudillismo. Tal vez aluden al vínculo permanente del asesinado y quien planeó su desaparición.

La mirada de Jerónimo Palomares nos allega una lectura y reelaboración estética de la muerte y los avatares del cuerpo. Aparecen también los retratos de ambos generales. Aquí, la intervención duplica sus propios cuerpos como una estela fantasmal, divergente en Serrano y convergente en Obregón. Ausencias de un carril es la dotación de una presencia: la del objeto artístico mismo en su textura, imagen y sentido, de los acontecimientos humanos y de la capacidad sensible por hallar en imágenes precedentes códigos alternativos, caminos y estaciones, donde la contemplación activa se abre y entrega.

Ya sea por medio de imágenes de precedencia histórica, de paisajes elaborados o transformados por el humano, de objetos y construcciones, ambas series conllevan un ejercicio no frecuente en nuestro tiempo: el demorarse en la mirada y la experiencia sensible. Ahí acontece interrogar y encontrar las sombras del padre, de la fascinación ilusoria del poder y la tragedia. Un demorar que deviene, paulatinamente, un encontrarse.

Diciembre de 2021.

 

Caudillo/La paradoja de la ausencia. 

Texto curatorial por Octavio Avendaño Trujillo.

Ante la saturación de la imagen que representa la experiencia predominante con la que convivimos cotidianamente, la fotografía, entendida como un soporte artístico, se encuentra cada vez más replegada ante la imagen mediática. Es decir, estamos ante una paradoja que ningún soporte artístico se había enfrentado a lo largo de la historia, ser su propia amenaza de extinción. ¿Qué diferencia una imagen mediática, cinematográfica, digital o comercial de una imagen artística?

La respuesta la encontramos en la poesía, en lo que Platón denominaba poyesis, «la causa que convierte cualquier cosa que consideremos de no-ser a ser», es decir, la fantasmagoría que le da sentido a lo aparentemente visible. Y eso encontramos, justamente en la obra de Jerónimo Palomares, esa poesía que no consiste en el dominio de la técnica o en las cualidades de lo fotografiado, sino en la esencia que no vemos.

Es trascendente, en la propuesta de Palomares, retomar en el mito fundacional de la modernidad mexicana gestada entre el porfirimso y la Revolución mexicana, la construcción de la masculinidad a partir de los arquetipos del dictador y el caudillo, opuestos ideológicamente, pero similares en su operación moral de autoritarismo y heroicidad; dos nociones que son características del hombre heterosexual blanco.

De ahí que esta exposición sea significativa en el hecho artístico, por una lado, se plantea una discursividad que abona a la reflexión de lo que significa actualmente ser hombre y su origen cultural en nuestro país a través de la historia del siglo XX y, por otro lado, la potencia artística con las sugerentes imágenes que rebasan su estatuto antropológico y efectista a una serie de soportes poéticos que se activan a partir de la memoria del espectador.

Diciembre de 2021.