Umbrío

Umbrío es una exploración de mi interior, en un contexto social con características violentas, a veces sutiles y otras muy evidentes. Uso la foto directa como una representación de la realidad, pero con una carga de ficción que viene de mi edición y mi visión, para construir una historia que se visualiza desde mis fantasías infantiles.

"Recientemente me sorprendí que al igual que mi abuelo, algunos de mis antepasados cercanos, en su andar por la vida ellos mismos decidieron terminar. Esto me hizo pensar sobre la muerte que cada quien trae consigo. Yo imagino mi muerte como algo natural de la vida, como algo que tiene que suceder. Pero a veces me pregunto: ¿qué pasará cuando me sienta inútil?

He pasado por lugares cuya energía me hace detenerme, en algunos parajes rumbo a Huitzilac, Morelos. Me imagino qué sucedería conmigo si viviera ahí... no lo sé. Veo el entorno: la carretera libre a Cuernavaca, Parres, Tres Marías y Huitzilac; uno que otro puesto ambulante, casuchas, lugares solitarios y abandonados. La oscuridad que me acompaña se junta con las sombras en mi camino. ¡Es un camino umbrío!". (Reflexiones de un diario, Jerónimo Palomares, 2012).  

 

 

"En una tarde lluviosa de octubre, caminando por la carretera rumbo a Huitzilac, Morelos; me encontré con una silla desquebrajada, pero con la firmeza que solo da el paso del tiempo. Me hizo recordar al abuelo; de cuando regresaba a casa, y lo veía dormido en una silla en la banqueta. Yo llegaba, lo abrazaba y le daba un beso, y me decía: “¡me vas a matar de un susto!”… siempre lo hacía.

Cuando tenía diez años, ya muy noche, escuché a mi abuela hablar con mis tíos sobre cómo murió el abuelo. Lo decían con tal detalle que parecía que hubieran estado presentes. El recuerdo de su muerte se volvió como una sombra que siempre está detrás de mi. La última vez que visité la peluquería de mi abuelo en Navojoa, Sonora, fue hace siete años. Don Tomás, le decían. Nunca me cortó el cabello, pero imaginaba que era él cuando mi tío Ramón lo hacía: fue el único de sus hijos que siguió el oficio". (Reflexiones de un diario, Jerónimo Palomares, 2012).